Hace unos años, tuve el placer de  empezar a impartir un taller dirigido a incrementar la autoestima en la mujer. Algunas personas me preguntaban entonces, ¿por qué un taller de autoestima para mujeres?, ¿por qué no también para hombres?, ¿es que sólo las mujeres tienen problemas de autoestima?

Y aunque es verdad que los problemas de autoestima pueden afectar tanto al género masculino como al femenino. También es cierto, que las mujeres contamos con unos factores de vulnerabilidad específicos que nos pueden predisponer a tener una baja autoestima. El rol tradicional de mujer ha sido el de mujer abnegada, cuidadora, que sólo es completa si tiene  pareja y dónde  se da más importancia a satisfacer el bienestar y las necesidades de los demás que las propias.

En la actualidad, el modelo de mujer  ha cambiado e incluye  los roles tradicionales y además los de mujer moderna: trabaja fuera de casa, rinde en el trabajo, no abandona a sus hijos, está pendiente de los demás a la vez que debe cuidarse para estar atractiva y joven, es buena amante, deportista y todo lo hace con entusiasmo y placer. Este modelo de “superwoman” tiene como consecuencia que muchas mujeres se consideren poco válidas porque no concuerdan con esa imagen de perfección. Y  que, además,  se sientan culpables, cuando por realizarse en algún aspecto  tengan la sensación de estar abandonando otros. Es muy importante revisar y cuestionar las creencias y modelos que nos han transmitido, ya que muchas de nosotras hemos aprendido a limitarnos y a sentirnos inferiores.

Dinero, pareja, maternidad, reconocimiento de los demás pueden ayudarnos a sentirnos mejor. Pero el respeto lo tenemos que buscar dentro y no fuera.

 CLAVES PARA AUMENTAR LA AUTOESTIMA

    1.  CONOCERNOS y saber más de nosotras:

  • Qué pensamientos negativos utilizamos sobre nosotras mismas (soy poco interesante, poco atractiva, soy un desastre, no soy lo suficientemente buena para…)
  • Cuales son nuestras necesidades y nuestros deseos. Hemos sido enseñadas a posponer nuestra necesidad de descansar, de divertirnos, de cuidarnos y de aprender. Identificar nuestros deseos es el primer paso para optar a satisfacerlos.
  • Cuales son las conductas o formas de comportarnos que nos perjudican (sobrecarga de tareas, no decir no).
  • Y por supuesto, conocer mis cualidades y fortalezas. Todas hemos conseguido logros de mayor o menor importancia en nuestras vidas, tanto en el ámbito familiar, como en las relaciones interpersonales, estudios, trabajo.

    2.   ACEPTARNOS : 

Sabiendo que aceptarse no significa conformarse con todo y que no deseemos cambiar,    mejorar o  evolucionar. Todo lo contrario: “si admito mis sentimientos, miedos, cualidades, conductas perjudiciales, podré ser consciente de mis elecciones y hacer cambios”.

¿Cómo puedo superar un miedo si no lo acepto como propio? ¿Cómo puedo aprender a estresarme menos si no admito que estoy sobrecargada?.
 

   3.  COMUNICAR NUESTRAS NECESIDADES Y SENTIMIENTOS A LOS DEMAS:

  • Comunicar de forma clara nuestras necesidades, deseos y sentimientos nos va a permitir sentirnos mejor con nosotras mismas y con las demás personas. El no expresar y reprimir sentimientos conduce a acumular mayor hostilidad y, de vez en cuando, a explotar emocionalmente.
  • Tenemos que aprender a PONER LIMITES, a DECIR NO  sin culpabilizarnos. A veces, el sentimiento de culpa por no poder hacer frente a todo nos lleva a hacer concesiones que van en contra de nuestro propio bienestar.

    4.    PROMOVER EL AUTOCUIDADO.

Las actividades de desarrollo personal y de ocio proporcionan contactos sociales, tienen un componente de diversión, alivia tensiones y fomentan la salud.

Iniciar nuevas relaciones o recuperar amigas produce emociones positivas. Las buenas amigas resultan terapéuticas ya que pueden darnos afecto y apoyo emocional.

 Por último, no esperemos a que otras personas hagan realidad nuestros deseos. Somos responsables de nuestro tiempo, de nuestro bienestar y en definitiva de nuestra vida.