El miedo es la emoción más básica y  poderosa de la naturaleza humana.  Fisiológicamente los circuitos del miedo están anclados en el cerebro. Es una emoción tan incapacitante que nos hace imaginar el futuro de una forma  muy negativa y catastrofista.

El miedo paraliza, desorienta, nos deja en estado de shock y nos hace más vulnerables a la manipulación. Perturba nuestra capacidad de razonamiento, provocando en muchas ocasiones, resignación y pasividad. No hay nada más contagioso y qué nos afecte tanto como el miedo.

Por ello, a lo largo de la historia de la humanidad, se ha intentado inducir el miedo como arma para controlar a la población. Por ejemplo, en el S. VI coexistieron las condiciones de la Edad de Oro con la presencia de un miedo a los Oráculos apocalípticos  y al fin del mundo, otro ejemplo lo vemos en el “Pasaje al Príncipe” de Maquiavelo donde recomienda al Príncipe que para gobernar si tiene que elegir entre el amor y el miedo de sus súbditos debe optar por el segundo “si no eres querido al menos sálvate siendo odiado”. También Espinosa, eminencia histórica de la Filosofía Política, evidenció la inescrutable relación entre el miedo y el mundo de la política: “la libertad del hombre y su capacidad de elegir sobre su realidad depende de su resistencia al miedo y del rechazo a la promesa de esperanza”, “ el miedo no puede ser un instrumento para gobernar establemente la sociedad, ya que impide la cooperación humana y erradica la compasión por el otro que es necesaria para la convivencia, pudiendo llegar a transformarse en ira.”

En la actualidad, la estrategia de inducir miedo sigue vigente, aunque han cambiado los mecanismos utilizados para  generarlo y las situaciones a las que tenemos miedo.

En este momento, la sociedad experimenta  un miedo difuso, no natural ni espontáneo al que no podemos planificar una respuesta, ya que es muy difícil actuar cuando no sabemos  con claridad a que tenemos miedo. Uno de las vías más comunes para aprender el miedo son  los medios de comunicación que transmiten de forma subliminal  ideas como: “sálvese quien pueda, actúa libre y no te unas” y donde además se utiliza el recurso de culpabilizar a la víctima. La Dra. Naomi Klein habla sobre la doctrina de shock: primero se somete a la sociedad a un estado de shock para luego hacer programas de privatizaciones globales y recortar libertades. Asustados es más fácil que asumamos cosas que no asumiríamos en otros momentos. José Luis San Pedro, economista, escritor y humanista, afirmaba que para instaurar determinadas decisiones políticas contrarias a los intereses de la población, “no hay nada como el miedo que es más fuerte que el amor y el altruismo”, “gobernar a base de miedo es tremendamente eficaz”.

¿ Qué podemos hacer para combatir el miedo?

Lo primero es  identificar el miedo y otras emociones negativas asociadas a él. Es más fácil combatir al enemigo si somos conscientes de que existe y podemos  identificar los intentos de manipulación que lo han generado. Numerosos estudios de Psicología Social han demostrado que cuando nos damos cuenta que nos están intentando introducir una realidad, somos más resistentes a la misma. Es muy útil analizar el miedo y reevaluar los verdaderos riesgos y consecuencias, ya que este tiende a provocar una visión catastrofista y tremendista del futuro, a la vez que nos hace vernos con muy pocos recursos y capacidades para enfrentarnos a él.

También nos resultará útil compartir esta experiencia con otras personas, ya así conseguiremos superar la imagen deteriorada de nosotros mismos por sentir miedo y disminuir su intensidad. Es una emoción humana y verbalizarla puede ayudarnos a descargar tensiones, a desdramatizar, a sentirnos acompañados y a liberar la culpa asociada al ver que los demás también están expuestos al miedo.

Por último, destacar que también podemos combatirlo rompiendo el individualismo. Solos y aislados somos más vulnerables. Es muy importante, aumentar nuestras fortalezas como la empatía, el diálogo y la solidaridad. El sentido comunitario es más difícil de eliminar.

Y sobre todo, cuando nos sintamos angustiados y paralizados nos puede ayudar preguntarnos: ¿cómo actuaría yo si no tuviera miedo?